Los afectados Manu Mitchell y María Merce han visibilizado en el programa Y Ahora Sonsoles la dura realidad del trastorno por atracón que condiciona sus vidas diarias

El plató del programa televisivo *Y Ahora Sonsoles*, conducido por Sonsoles Ónega, se ha convertido en el escenario de una valiente y necesaria campaña de visibilización sobre el trastorno por atracón, una patología de la conducta alimentaria grave y altamente limitante que permanece bajo la sombra del desconocimiento y el estigma social.
A través de los relatos en primera persona de los afectados Manu Mitchell y María Merce, la audiencia ha podido asomarse a la cruda realidad de un problema de salud mental que destruye el bienestar emocional y la salud física de quienes lo padecen.
Lejos de tratarse de una simple falta de fuerza de voluntad o de un capricho culinario, los testimonios han dejado al descubierto cómo la comida se transforma en un mecanismo desesperado e involuntario para anestesiar dolores profundos, traumas y cuadros depresivos severos.
La emisión, que contó además con el análisis clínico de la psiquiatra experta Lucía Torres, desglosó los patrones de secretismo, pérdida absoluta de control y profunda vergüenza que encierran a los pacientes en un bucle destructivo del que es prácticamente imposible salir sin la intervención de profesionales especializados en heridas emocionales.

El testimonio de Manu Mitchell sirvió para poner rostro a una de las facetas más oscuras del trastorno: la necesidad imperiosa de ocultar la conducta ante los seres queridos debido al sentimiento de humillación que genera.
Mitchell confesó de manera abierta que suele esperar a que su pareja se quede dormida o abandone el domicilio familiar para poder ingerir alimentos de forma descontrolada, llegando incluso a interrumpir su descanso nocturno para comer a escondidas en la cocina.
El invitado describió con amargura episodios de una ansiedad incontenible, detallando cómo en ocasiones ha comprado grandes cantidades de golosinas con un valor superior a los veinte euros para consumirlas en menos de una hora debido a la incapacidad absoluta de detenerse.
Esta ingesta masiva y compulsiva deriva de forma sistemática en un malestar físico tan insoportable que, en su caso particular, le empuja a provocarse el vómito, un comportamiento que evidencia la desesperación por aliviar tanto la presión estomacal como la tortura psicológica posterior al atracón.

Por su parte, María Merce compartió otra vertiente alarmante de esta patología al revelar el enorme impacto económico y los sacrificios financieros que conlleva mantener activa la adicción conductual.
Merce relató ante las cámaras que llegó a dilapidar todos sus ahorros y a gastar el dinero que no poseía para abastecerse de comida, poniendo como ejemplo el haber llegado a consumirse ella sola tartas diseñadas para cuatro personas en una única tarde.
La afectada equiparó su situación con un trastorno obsesivo compulsivo, argumentando que la finalización de la comida no mitigaba su deseo de seguir ingiriendo, sino que la ansiedad cronificada reactivaba el impulso de inmediato.
Mitchell vinculó directamente el origen de su mala relación con la comida a una profunda depresión diagnosticada formalmente hace ocho años mediante terapia psicológica, el espacio clínico donde finalmente pudo poner nombre y apellidos a un sufrimiento que arrastraba desde hacía mucho tiempo atrás.

La doctora Lucía Torres aportó la perspectiva médica durante el debate, contextualizando las estadísticas y los mecanismos neurobiológicos que definen el trastorno por atracón.
La psiquiatra puntualizó que, si bien esta patología afecta mayoritariamente a las mujeres en una proporción de tres casos frente a uno en hombres, la brecha de género es sustancialmente menor que en otros trastornos como la anorexia, donde la diferencia se dispara a diez mujeres por cada varón.
Torres hizo hincapié en que el acto de comer durante un atracón no responde al hambre fisiológica ni al disfrute gastronómico, sino que el paciente entra en un estado de anestesia psicológica y desconexión corporal completa.
Finalmente, la especialista lanzó un llamamiento urgente para desterrar el tabú y animó a los afectados a buscar ayuda médica especializada, incidiendo en que la recuperación definitiva no pasa por dietas restrictivas, sino por sanar las profundas heridas emocionales subyacentes que originan la conducta.
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